
Viajar en el tiempo es uno de los tropos más venerables de la ciencia ficción. Para algunos ES el tropo fundacional porque la ciencia ficción moderna comenzó con la publicación de The Time Machine de H.G. Wells. Pero echando a un lado las genealogías, el tropo sigue vivo tanto en las narrativas como en las series y películas.
Ninguna serie de Star Trek se puede llamar “trek” si no cuenta con varios episodios temponáuticos. Posiblemente esto sea así porque el viaje en el tiempo es una de las plataformas más versátiles. La razón de esta versatilidad es que viajar en el tiempo es una herramienta singular, permite colocar el espejo frente al presente para observarlo, comprenderlo o cuestionarlo. Una distancia que fomenta una participación más lúcida e intensa.
El tiempo es también el “gran enemigo” -para tomar prestada una metáfora teológica que Tolkien conocía muy bien-, es implacable, está siempre asediando a lo vivo, pero ocasionalmente, sirve para sentir el ardor de la carne viva en el desierto, porque el tiempo es lo que permite que sepamos que el cuerpo es finito y nuestra estancia en este plano es breve.
De la gran cantidad de series que componen el vasto constructo simbólico que hoy día llamamos “entretenimiento” creo que vale la pena resaltar Travelers producida por Netflix. (Ya he mencionado en un momento anterior The Expanse y Altered Carbon, gran calidad y soporte especulativo y en otra ocasión volveré a ellas.) Es obvio que no es posible cubrir, apreciar y entender toda la oferta cultural que la divulgación masiva actual provee – es un espacio vastísimo-, pero me mantengo bastante bien informado, veo lo que puedo cuando puedo y consulto con frecuencia medios que me parecen lúcidos y coherentes como Gizmodo, Ars Technica y Tor. Cuando digo “resaltar” me refiero a traerla a la atención crítica y lanzar una invitación a verla y discutirla; también para resaltar en comparación a las mega producciones que son The Expanse y Altered Carbon, Travelers es una producción relativamente pequeña con un budget mediano que alcanza un buen nivel especulativo y afectivo. Travelers conoce sus límites y los explota al máximo.
Los siguientes comentarios no contienen spoilers argumentales, pero sí apreciaciones críticas sobre las dos primeras temporadas. (La tercera, cuando estoy escribiendo, todavía no ha salido).
La premisa es simple y ya se ha trabajado en otras obras de ciencia ficción: la tierra del futuro ha prácticamente colapsado debido a daños irreparables producidos al medio ambiente; ahora bien, un gran adelanto tecnológico permite enviar un “mensaje” al pasado para intentar evitar el colapso del futuro.
La forma dramática y discursiva que adquiere este mensaje es singular. En el futuro se ha logrado sintetizar la conciencia y convertirla en información digital, esta información es luego posible transferirla a otro cuerpo de tal manera que el individuo “rencarna”. Esta premisa la hemos visto recientemente utilizada en series como Altered Carbon y en la trilogía de libros de Richard Morgan en la que se basa; pero tiene una larga tradición en la ciencia ficción. Algunos ejemplos son Arthur C. Clarke The City and the Stars (1956), Michael Berlyn The Integrated Man (1980) y Rudy Rucker Software (1982).
Travelers utiliza esta noción pero en formato temponáutico hacia el pasado. (Altered Carbon, por ejemplo, lo hace hacia el futuro; pero no es un viaje en el tiempo, sino que es un letargo, la conciencia simplemente despierta en el futuro.) No se dice directamente pero es posible deducir que en la sociedad del futuro todos los eventos luego del advenimiento del internet a finales del S. XX se han convertido en algorritmos que componen lo que se imagina es una súper computadora. Esto se traduce en un conocimiento ultra preciso del instante de la muerte de cualquier individuo en el pasado. Así, para minimizar el daño (pero NO la eliminación del daño) al tejido temporal, la conciencia de un agente del futuro es bajada a un cuerpo del pasado unos segundos antes en que se ha registrado, históricamente, su muerte. Por lo tanto, lo que en efecto viaja al pasado es información no materia.
Los “travelers” son una unidad de agentes del futuro enviados al pasado para intentar alertar sobre la inminente catástrofe que se cierne sobre el planeta. Pero lo de “alertar” es complicado.
Lo más acertado del show es el aspecto dramático-afectivo con el que se narra la historia. Los agentes están obligados a seguir viviendo las vidas de los cuerpos que han tomado, así los “esposos” deben seguir siendo esposos, los “hijos” hijos, y así con las demás relaciones que los cuerpos que ahora están ocupando llevaban. De esta forma, puede especularse, que la materia viva del espíritu, el caldo de cultivo de las emociones, es ahora posible intervenir mediante una invasión radical del futuro. Pero el muerto no muere por completo, por supuesto. La memoria está en el cuerpo, y de cierta manera es el cuerpo, por eso se queda un resto que continúa reptando por la piel, como un espectro de la antigüedad palpitando y danzando en la tela húmeda de la córnea. De hecho, en Travelers, quienes más han logrado desencajar sus vidas de las memorias de los cuerpos que ocupan, son los que muestran menos empatía.
Son varios los ángulos especulativos que la serie trabaja:
- Si el resultado positivo de una misión es la salvación de millones de personas en el futuro, ¿es ético utilizar los afectos de algunos individuos, que deben mantenerse en la ignorancia de lo que realmente está pasando, para garantizar el éxito de la misión? Todos los agentes hacen creer a las familias, amigos y amantes relacionados al cuerpo intervenido, que son lo mismo cuando en realidad son otro. Esa es la pregunta, cómo (ser)lo.
- ¿Cuánto de esa entidad que llamamos “yo” está indisolublemente vinculada a nuestro cuerpo? Si nuestra “alma” emigrara a otro cuerpo sin que dejemos de saber que eso ha sucedido, ¿perdemos algo de nosotros al dejar el otro cuerpo atrás? ¿Se podrá algún día digitalizar la conciencia? Lo real no solo está constituido por electrical pulses interpreted my brain, eso es solo una parte del interface que llamamos yo, un poco parecido a lo que la vieja escuela llamaba solipsismo; pero el real conocimiento del otro muestra que un territorio aparece en el punto de los contactos. La memoria está también en la piel y quizá eso tenga que ver con que nuestro ancestro más antiguo -la de la cueva, el del fuego, la del cuchillo enfrentándose al lobo en la oscuridad- todavía está vivo en la trama física de nuestras vidas. Cuando llegue la inteligencia artificial, ¿podremos tener herramientas de comparación al ponerla frente al espejo de lo humano? ¿No está nuestra conciencia humana compuesta de una parte animal y ancestral?
- ¿Qué tipo de formación política se puede deducir que existe en ambas instancias temporales? El futuro, del que nos llegan solo fragmentos destilados de algunas conversaciones, es una especie de cementerio vivo donde lo que queda de los humanos subsiste solo dentro de domos atendidos por máquinas extremadamente sofisticadas. La relación con el mundo exterior es o mínima o no existente. Uno de los mayores aciertos narrativos del show es NO mostrarnos el futuro, la sombra que nos acompaña todavía está por venir. Pero el presente no deja de ser menos hostil, y, de cierta manera, los agentes -que escapan del futuro y se refugian en el pasado que solo existe (políticamente) como serie de eventos estudiados por el historiador- no dejan de ser puestos a prueba por los sin sabores del pasado: adicción, violencia doméstica, abuso sexual…
Además está la relación con el Director, pero voy a dejar que esa la descubran ustedes, para no caer en spoilers.
Hay un argumento biopolítico atravesando secretamente toda la serie. El futuro se figura de forma contradictoria; si bien los adelantos tecnológicos son enormes, la vida real de los cuerpos es precaria. Quizá se cifra así un comentario sobre nuestras precariedades actuales. El viaje en el tiempo es el dispositivo narrativo que nos invita a llevar a cabo el salto especulativo. La ciencia ficción también es eso, una herramienta para hacer pensar sobre el efecto de la ciencia y la tecnología en nuestras nociones éticas, políticas y sociales. ¿Será que detrás de ese futuro hiper higiénico, vegetariano y claustrofóbico estamos nosotros mismos?